jueves, 23 de abril de 2009

antidopata

Favor de tener bien en claro que en un autobus "promedio" (o por lo menos en mi mundito) los asientos están todos orientados hacia el frente, es decir, en el sentido del avance del autobus y teoricamente no hay espacios previstos para viajar "de pie" (salvo el pasillo). Estamos en presencia de un medio de transporte que supone trayectos relativamente largos y no siempre dentro de una zona urbana. En cambio en un camión urbano, no solo hay asientos, también hay tubos y espacios destinados a viajar de pie.

Ya lo descubrí (si, el verbo ha sido elegido de manera cuidadosa): es por culpa de los medios de transporte colectivos. Todo mundo trae su "música por dentro" (audífonos conectados a cualquier tipo de aparato emisor de música) y por lo tanto, aquellas escenas inmortalizadas en tantas y tantas películas donde el sentarse junto a un extraño se convierte en una odisea de 90 minutos son imposibles (bueno, un poco más difíciles pues).
Lo que quiero decir(me) es que sin duda eso no me ayuda a ser menos anti-social. Me refiero a viajar al mismo tiempo que decenas de otros ciudadanos, sin que la más pequeña palabra salga de ninguno para comunicarse con otro.
Por otro lado, nunca he sido famoso por mi sociabilidad pero el hecho de haber nacido en un país y vivir en otro está un poco en contradicción con esta idea.
Definitivamente es más sencillo hacer como que las voces del programa de Radio que escuchamos se dirigen directamente a nosotros, que poner cara de inocencia y espíritu perfumado para que alguien que se sube al autobus te pregunte "¿Podría quitar su mochila del asiento para que pueda ocuparlo?".
La ventaja del autobus es que todos vamos mirando al mismo lugar: ese destino "común" que vamos a volver único al bajarnos y caminar unos metros. Sentaditos, alineados, todos vamos mirando hacia el frente, porque los asientos casi nos lo imponen. A nivel individual, todos tenemos la mirada en lugares distintos (reales o imaginarios) pero en promedio, lo que podemos observar (como desde un plano ajeno a la realidad, un plano propio al diseñador de la realidad) es que las miradas van hacia adelante. Si no, pregúntenle a todos aquellos que cuando toman el tren prefieren (y piden) asiento dirigido en el sentido del avance del tren.
La diferencia con subirse al metro, al tranvía o al camión urbano, y subirse al autobus son las miradas que no se limitan al destino futuro. En cambio, las miradas están atrapadas en una especie de laberinto: por cortesía no hay que mirar a la gente directamente a los ojos o durante mucho tiempo, dirigimos al ratonsito en el laberinto hacia uno de estos muros de cortesía y buenas maneras y rápidamente lo desviamos. A notar: el laberinto para los ojos, está construído con elementos de tipo "espacial" y por ende la solución es espacial. La solución es ese lugar del camión que todos los ocupantes deben mirar (relativo a su posición). Pero, al final, el que sale del camión obtiene la verdadera solución.

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