con la edad... esas visiones cambian mucho.
con la edad, se da uno cuenta que engañarse vilmente con la promesa de la "juventud eterna" es más indefendible.
y bueno, no tengo ni 30 pasaditos
lunes, 25 de mayo de 2009
martes, 12 de mayo de 2009
Como nota traspapelada.
Es cierto (y el adjetivo claro que pasó un casting riguroso) que, una nota, generalmente se pierde entre unos papeles. Una nota de esas hechas más bien con la pluma que con la mano (por aquello de más bien haberla dibujado y de haber volado mientras la forjábamos).
Casi todos los días añado notas mentales. Claro, entre tantos pensamientos, se me traspapelan en la cabeza (y mientras no exista una manera concreta de archivar lo pensamos, estoy destinado a acumular notas e ide-otas, casi como anticuario ).
De esas notas mentales, la que últimamente pierdo menos (y a fuerza de re-hacerla, aparece) es la de "anotar mis viajes". Algo más bien como "deberías empezar a escribir formalmente" lo que ves y lo que haces cuando cambias de paisaje. Me pasa cuando salgo de mi casa en el camión o cuando cruzo el río Rin.
Contándolas de manera ligera (y algo exagerada) nos hemos dado cuenta que tal vez hemos cruzado juntos el Rín tantas veces como hemos cruzado el Atlántico. En otras ocasiones, en otras estaciones del año, seguro que esta "memoria" que no tenemos de las veces que hemos cruzado el Rin, ( porque lo del Atlántico es más difícil de olvidar por el momento ) no cargaría consigo una alarma de nostalgia. Alarma color amarillo y estroboscópica.
Tal vez, esta última vez que crucé el Rin me obligue a tener otro carné de viajes más formal. Ignoro cuando podré dedicarme a eso con suficientes ganas (y presupuesto necesario). Lo que no ignoro es que vivo en un lugar que tiene su nombre en la unión de dos ríos. En un país con marcas de agua más caras que algunos vinos. Lo que definitivamente no voy a dejar de hacer, es beber todo lo que pueda de agua del lugar donde nací, la próxima vez que cruce el atlántico.
Veo claramente como estar de este lado del atlántico, es como si mi propio motor sanguíneo estuviera hecho de tierra (pero en miniatura) y las venas y arterias que lo desdibujan, tienen la forma del Rín y de todos esos ríos que tantas veces he cruzado.
La última vez que pensé en que era imposible tener una conversación en el Tram, una persona casi se caía y al recargarse en mí, tuvo que excusarse de manera formal después (puntos menos para mis observaciones) HOY: al no subirme completamente mojado por la enfadosa lluvia de la tarde tuve que evitar la parte de atrás del tram, pues había un perrito con su dueño atado al final de su cuerda, que olía más feo que los baños del estadio y sorpresa: encontré un lugar de esos para parejitas: una sola silla frente a otra. Al evitar al perrito, me tocó una changuita pegada a su celular y que durante por lo menos 40 minutos repitió en voz alta frases sacadas de los peores reality-shows del mundo (en francés y en turco). ¿que como sé que eran de Reality? porque eran demasíado reales: la monita estaba enfrente de mí.
Casi todos los días añado notas mentales. Claro, entre tantos pensamientos, se me traspapelan en la cabeza (y mientras no exista una manera concreta de archivar lo pensamos, estoy destinado a acumular notas e ide-otas, casi como anticuario ).
De esas notas mentales, la que últimamente pierdo menos (y a fuerza de re-hacerla, aparece) es la de "anotar mis viajes". Algo más bien como "deberías empezar a escribir formalmente" lo que ves y lo que haces cuando cambias de paisaje. Me pasa cuando salgo de mi casa en el camión o cuando cruzo el río Rin.
Contándolas de manera ligera (y algo exagerada) nos hemos dado cuenta que tal vez hemos cruzado juntos el Rín tantas veces como hemos cruzado el Atlántico. En otras ocasiones, en otras estaciones del año, seguro que esta "memoria" que no tenemos de las veces que hemos cruzado el Rin, ( porque lo del Atlántico es más difícil de olvidar por el momento ) no cargaría consigo una alarma de nostalgia. Alarma color amarillo y estroboscópica.
Tal vez, esta última vez que crucé el Rin me obligue a tener otro carné de viajes más formal. Ignoro cuando podré dedicarme a eso con suficientes ganas (y presupuesto necesario). Lo que no ignoro es que vivo en un lugar que tiene su nombre en la unión de dos ríos. En un país con marcas de agua más caras que algunos vinos. Lo que definitivamente no voy a dejar de hacer, es beber todo lo que pueda de agua del lugar donde nací, la próxima vez que cruce el atlántico.
Veo claramente como estar de este lado del atlántico, es como si mi propio motor sanguíneo estuviera hecho de tierra (pero en miniatura) y las venas y arterias que lo desdibujan, tienen la forma del Rín y de todos esos ríos que tantas veces he cruzado.
La última vez que pensé en que era imposible tener una conversación en el Tram, una persona casi se caía y al recargarse en mí, tuvo que excusarse de manera formal después (puntos menos para mis observaciones) HOY: al no subirme completamente mojado por la enfadosa lluvia de la tarde tuve que evitar la parte de atrás del tram, pues había un perrito con su dueño atado al final de su cuerda, que olía más feo que los baños del estadio y sorpresa: encontré un lugar de esos para parejitas: una sola silla frente a otra. Al evitar al perrito, me tocó una changuita pegada a su celular y que durante por lo menos 40 minutos repitió en voz alta frases sacadas de los peores reality-shows del mundo (en francés y en turco). ¿que como sé que eran de Reality? porque eran demasíado reales: la monita estaba enfrente de mí.
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